jueves, 15 de diciembre de 2011

La Edith Wharton viajera: Viaje por Francia en cuatro ruedas



 
Efectivamente, también hay una literatura de viajes, de igual modo que conservamos ensayos y relatos de célebres escritores sobre ciudades o sitios que les impresionaron en su época. 

Viaje por Francia en cuatro ruedas, Edith WhartonTal es el caso de Edith Wharton, escritora americana conocida sobre todo por su novela "La edad de la inocencia". La escritora fue una viajera incansable y en su producción literaria se incluyen tres libros de viajes: Italian Backgrounds (1905), Viaje por Francia en cuatro ruedas (1908) y In Morocco (1920).
 
Wharton era una apasionada de Francia y en este libro relata sus variadas excursiones por el territorio francés, que más adelante convertiría en su lugar de residencia.

En mayo de 1906 comienza el viaje por Francia en cuatro ruedas de Edith Wharton, a bordo de un Panhard, en la compañía de su hermano Harry Jones y su marido Teddy. Partieron de París en dirección sudeste, rumbo a Clermont-Ferrand, y después enfilaron hacia el norte, en dirección a Bourges y Orleans, hasta volver a la ciudad de la luz. En lo sucesivo, otras escapadas se irían sumando, hacia nuevas rutas, hasta ir volteando todo el perímetro del país. El crítico Percy Lubbock, amigo de la escritora, así la describía en su faceta viajera:

"Con la carretera despejada ante ella, rumbo a un "chispeante país extranjero", su corazón se henchía: estaba en su elemento; no había dicha igual, ni viajero más decidido que Edith cuando emprendía una de sus aventuras de bucanero, con su cargamento de libros, su itinerario perfectamente programado y un compañero que compartía su pasión... Mucho antes de que el motor acelerara su paso, ella se había apoderado de vastos territorios y desentrañado los secretos de sus recovecos; y no solo en lugares célebres y opulentos, sino también en calles y caminos apartados que conducían a ocultos prodigios, tesoros perdidos y altares olvidados... Entraba sin vacilar en la iglesia cerrada, en una galería que ese día no estaba abierta al público, en un palacio en el no se permitían visitas: ¡qué bien conocemos esos lugares, aunque sus acompañantes indefectiblemente nos habríamos contentado con mirar desde afuera! Sin embargo, era recomendable seguir a esta mujer intrépida allí donde te guiara, pues a pesar de su minuciosidad, sabía distinguir y valorar las cosas y no perdía el tiempo en trivialidades; y a pesar de su seriedad, nunca permitía que se consumiera el placer de la aventura, siempre se divertía como si estuviera de vacaciones. Nadie podría pedir una compañera de viaje mejor en el camino a El Dorado."

 
La personalidad viajera de Edith destacaba por su combinación de la exploración o la búsqueda de lo desconocido -en sentido preferente a los caminos trillados-, con el placer del conocimiento histórico y estético. Su idea de viajar tenía otro romanticismo, partía de detalles y circunstancias que también eran relevantes y que convivían en su mente junto a la imaginación, una actitud muy diferente a la que presenta la industria del turismo actual.

Edith WhartonLa edición de Plaza Janés de Viaje por Francia en cuatro ruedas comienza con una instructiva e interesante introducción de Mary Suzanne Schriber, que da paso a la oratoria entusiasta, e irónica a ratos, de Edith Wharton.

La primera frase ya denota entusiasmo, expresión de una época que alababa las virtudes de los coches frente a otros medios de transporte más antiguos. Dice Edith: "El automóvil ha devuelto el romanticismo a los viajes". Y no pierde razón, a pesar del tiempo, cuando explica que es un medio adaptable a la necesidad de movimiento de las personas.

"Al liberarnos de las coacciones y las conexiones de los trenes, de la esclavitud a unos horarios fijos y al camino trillado, de la obligación de acercarse a un pueblo cruzando una zona fea y desolada creada por el propio ferrocarril, nos ha restituido el asombro, la aventura y la novedad que alegraba el camino de nuestros antepasados postillones. Entre los grandes placeres recuperados, el mayor es la dicha de pillar a un pueblo por sorpresa, de acercarse furtivamente a él por caminos secundarios y no cartografiados y descubrir inesperadamente un aspecto íntimo de su pasado, una silueta oculta durante medio siglo o más tras la fea máscara de los terraplenes de las vías férreas o de la mole de hierro de una estación. ¡Por fin recuperamos esos pueblos, los pueblos escondidos por los que suspirábamos desde las ventanillas del tren!"

Con este mismo entusiasmo, la escritora nos irá relatando sus recorridos por toda Francia, de Boulogne a Amiens pasando por su Catedral; Beauvais y su catedral sin nave, el Kubla Kan de la arquitectura, y también la Catedral de Ruan, donde hace un pormenorizado análisis de las narices de las figuras de los cardenales; luego de Ruan a Fontainebleau; a continuación el Loira y el Indre; la agradable estancia en Nohant, la tierra de George Sand y el paseo por Vichy en dirección a Clermont; después Auvernia con sus iglesias y paisajes; y como último recorrido de la primera parte, el realizado de Royat a Bourges.

Edith Wharton La segunda parte se inicia con el trayecto de París a Poitiers, con breves impresiones de los castillos del camino, y otra vez Nohant, pero con más detalle de la casa de George Sand, y demás pueblos de los contornos; para luego seguir de Poitiers hacia los Pirineos, pasando por Burdeos y bordeando la ribera del Garona, hasta llegar a Lourdes, donde distingue entre la ciudad de montaña pintoresca y feudal que nadie describe ni visita y el aire comercial que rodea el santuario de la virgen, y después continuar en dirección a Argelès y Saint-Savin entre historia y leyendas, y para acabar la ruta, enlazar con Saint-Bertrand-de-Comminges; y entonces trazar un nuevo recorrido de los Pirineos a la Provenza, pasando por Toulouse, Albi y Carcassonne, hasta llegar a Nîmes, que elogia por su valioso núcleo de ruinas grecorromanas, sin dejar de hacer alusión a detalles como los castillos de Beaucaire y Tarascon, o las ciudades de Uzès y Saint-Remy y la ciudad romana de Glanum, y otros tantos puntos de interés, como Aix-en-Provence, Saint-Maximim, Aviñón y Orange; y por último, aprovechar el camino de regreso, del Ródano al Sena, para visitar Valence, Tournon, Vienne, la iglesia de Brou, Dijon, Vézelay, Auxerre y Sens hacia Fontainebleau.

La tercera y última parte es una crónica breve e integrada que se titula "Una excursión al nordeste". Saliendo de París, la ruta prosigue entre nuevos pueblos, en dirección a Meaux, visitando de camino el pueblo de Braisne, luego Reims y Coucy, que compara con Carcassonne, y más adelante Noyon y Saint-Quentin. No faltaría Laon, la gran ciudad catedralicia del nordeste y según la autora, una de las ciudades de montaña más majestuosas de Francia, y a continuación Soissons, una antigua ciudad llena de reminiscencias romanas y merovingias. De vuelta a París, la ruta pasa por visitar la ciudad de Senlis, menospreciada por las guías de viaje, y el pueblo de Saint-Leu, donde yacen los escombros de una abadía cluniacense del siglo XI.

Viaje por Francia en cuatro ruedas es la mirada personal de Edith Wharton sobre sus excursiones en la Francia de su época. Salvando las distancias temporales, sus comparaciones, descripciones y visiones particulares pueden resultarnos más válidas que cualquier información comercial que nos pueden vender sobre algunos sitios. Su entusiasmo, su cultura de viajes y su manera de conocer mundo animan al lector y a todos aquellos de espíritu aventurero, que les gusta descubrir nuevos parajes y realmente tienen una sensibilidad propia que escapa a los discursos de las guías turísticas. Eso sí, no estamos ante un mapa detallado ni un viaje programado, seguramente Edith ha preferido dejar riendas sueltas al viajero para que este también puede crear su trayecto independiente, su viaje imaginado, y solamente muestra su opinión, no impone ni descarta... En definitiva, y como dice la autora, "la mente es una página en blanco donde la ciudad escribirá su nombre". Nada tan reconfortante como compartir una afición y a la vez, ser conscientes de que cada quien conserva su propio cuaderno de viajes.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Huellas del tiempo en la Cité de Carcassonne (III)


Lices Hautes, Carcassonne, Lizas de Carcasona

La visita no se agota en el interior de la ciudad, sino que se enriquece con las lizas, el espacio dispuesto entre las murallas interna y externa. El tiempo crea paradojas, el lugar que antaño constituía un recinto fortificado con fines militares, hoy se muestra como un paseo tranquilo, donde poder ir tras los pasos de la historia.

 En las murallas se recrean diferentes etapas, desde su herencia galo-romana hasta la arquitectura feudal del s. XII, pasando por la arquitectura militar ejecutada bajo Luis IX y Felipe el Atrevido e incluyendo la restauración realizada por Viollet-le-Duc.

En el 1240, después de que Raymond II Trencavel intenta recuperar Carcasona, Luis IX destierra a los habitantes de la ciudad y unos años más tarde, los autoriza a establecerse en la ribera izquierda del Aude. A raíz de esto, el rey francés decidió emprender trabajos de renovación y fortificación de la ciudadela. Se construyó la muralla exterior que duplicaba la protección, manteniendo al enemigo a distancia y salvaguardando el recinto interior. Si el enemigo lograba traspasar la primera muralla, quedaba encerrado en el espacio intermedio entre los dos muros y podía ser atacado tanto desde la muralla interior como desde las torres externas que aún no hubiesen sido tomadas.

Durante los gobiernos de Luis IX y Felipe el Atrevido se repararon las torres y murallas galo-romanas, por esta razón conservan restos arquitectónicos de esa época en sus bases. El terreno entre las dos murallas se niveló para crear las lizas y se edificaron varias torres, como las Torres Peyre y Vade y la Torre del Tesoro, así como la Puerta de Narbona.

De esta manera, la ciudadela se erigía como guardiana de la frontera de Francia ante la corona cataloaragonesa. Esta función de centinela la perdió con el Tratado de los Pirineos, que anexó la región del Rosellón a Francia. 

Otra página triste de la historia de Carcasona fue escrita cuando las torres se convirtieron en prisiones, encerrando no solo a bandoleros y ladrones, sino también a los cátaros y más tarde, a los protestantes.

Por último, la restauración que llevó a cabo Viollet-le-Duc salvó a la Cité del olvido y los destrozos que el tiempo le había impuesto. Pero también añadió elementos que no eran originales, como los techos cónicos azulados de algunas torres, que no son característicos del sur de Francia, sino más bien del Norte. De esta manera, la restauración del siglo XIX también ha dejado su huella, algunos la han criticado, pero lo cierto es que a ella se debe el estado acertado de conservación en que se encuentra hoy la ciudad fortificada.

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Porte d'Aude, Puerta de Aude, CarcassonneTour Pinte, Torre Pinta, Carcassonne

 Tras visitar la ciudad intramuros, nos dirigimos al exterior por la Porte d'Aude para visitar las lizas. Al lado derecho, al fondo, se puede ver la Torre Pinte, utilizada como punto de observación y para trasmitir señales. También a la derecha, pero en primer plano, puede observarse la Torre de la Justicia, que guardaba los archivos de los inquisidores y tenía un pasaje que comunicaba con la Maison de l'Inquisition.

Tour de Justice et Tour Pinte, Torre de Justicia y Torre Pinta

Continuamos hacia la izquierda de la Porte d'Aude, donde se localiza la entrada oeste de la ciudad o Avant Porte d'Aude. En este espacio se puede prestar atención a los diferentes elementos que forman parte del sistema defensivo de la ciudadela, hay unas arcadas altas que son puertas falsas, hay una puerta más pequeña por si el enemigo llegase hasta ahí, poderle tirar desde lo alto grandes rocas e ir retrasando su paso, y todo está dispuesto para que el enemigo quede expuesto por sus lados más vulnerables y que los soldados de la ciudadela tengan una superioridad en visibilidad y protección respecto a sus contrarios.

Avant Porte d'Aude, Puerta Principal del Aude

Otro de los añadidos de la restauración llevada a cabo por Viollet-Le-Duc es el matacán que hoy es visible y que no formaba parte de la construcción original. 

Eglise Saint-Gimer, Iglesia San Gimer

Antiguamente, la rampa de acceso se iniciaba en una barbacana hoy desaparecida. Con motivo de la construcción de la Iglesia de Saint-Gimer la muralla fue parcialmente destruida y solo persistió la rampa.

Lices, LizasTour de Justice et Tour Pinte, Torre de Justicia y Torre Pinta

En este punto se suceden la Torre de la Inquisición y la Torre Cuadrada del Obispo. Esta última estaba coronada por torres de vigilancia en las cuatro esquinas y hacía imposible pasar entre las lizas altas y bajas, lo que a su vez protegía la Puerta del Aude y el Castillo Condal. Fue aquí donde Viollet-Le-Duc estableció su oficina de trabajo durante la restauración.

Tour Carree de l'Eveque, Torre Cuadrada del Obispo

Las lizas son aquí más estrechas y después de las curvas que hacen, primero entre la torre interna de Cahuzac y la externa de Grand Canissou, y luego entre la torre interna de Mipadre y la externa de Grand Burlas, se vuelven más amplias y transitables.

Lices, Lizas

Pasando la Torre Moulin du Midi, encontramos la Torre Saint-Nazaire, que también alberga la puerta del mismo nombre y que colinda con uno de los laterales de la Basílica. La torre es cuadrada y tiene hornos, chimeneas y pozos, es de la época de Felipe el Atrevido.

Tour et Porte Saint-Nazaire, Torre y Puerta de San Nazario

Más adelante se van sucediendo la Torre Saint Martin, que alberga una pequeña librería, la Tour des Prisons, Tour du Casteras, Tour du Plô y Tour de Balthazar. Justo delante de esta última se localiza una de las torres principales de la muralla exterior, la Torre de Vade. Luego del intento de reconquista de Raymond II Trencavel en 1240, fue una de las edificaciones que Luis IX mandó construir para fortalecer el recinto defensivo de la ciudad. Destaca por sus 25 metros de altura y porque fue diseñada como un elemento independiente del recinto. Cuenta con un pozo y un horno, chimeneas y letrinas, de manera que podía ser autónoma aunque el enemigo hubiese alcanzado el espacio entre murallas. En occitano "vada" significa ver, mirar, de ahí que fuese el nombre adecuado para una torre de vigilancia.

Tours Lices Hautes, Torres Lizas Altas

Luego se pueden observar la Torre de Davejean, la Torre Saint Laurent y la Torre du Trauquet, que en occitano significa pequeño agujero. Entre estas dos se localiza un gran bloque rectangular que se utiliza para ocultar la entrada a un túnel subterráneo que pasa bajo las lizas y desemboca en el exterior de la Cité. Por último, se encuentra la Torre Saint Sernin, reconocible por la ventana de la antigua iglesia del mismo nombre que existió en ese emplazamiento.

Desde este punto se tienen buenas vistas de la parte superior de la Avant Porte de Narbonne y la Barbacana San Luis, que se encuentran en la posición intermedia entre las lizas altas, que ya habíamos visitado, y las lizas bajas, que comenzaban desde la Torre del Tesoro.

Avant Porte de Narbonne, Puerta Principal de Narbona

La Torre del Tesoro sigue en su estilo a la Puerta de Narbona, su fachada es plana, con dos chimeneas de gran altura y amplios ventanales. Su denominación viene del occitano tresaur, que significa tesoro, y se debe a que aquí radicaba la tesorería real. En su planta baja también existió una bodega de vinos.

Esta zona de las lizas bajas se corresponde con la parte más antigua de las murallas, son evidentes los vestigios galo-romanos y las huellas de las reconstrucciones hechas en época de San Luis. Las torres de esta área son más bajas que las de las lizas altas y su forma también es diferente, con apariencia de herradura y techos más aplanados y cubiertos de tejas.

Lices Basses, Lizas Bajas

Al nivelarse la pendiente del terreno en el siglo XIII y descender la elevación del suelo en las bases de las torres, se tuvieron que rellenar bajo sus pies para que no cayeran. Esta es la razón que explica que las bases de estas torres sean cuadradas y de época medieval, mientras que su parte intermedia data de la etapa romana y la parte superior vuelva a ser una reconstrucción medieval. Incluso se puede ver cómo la Torre de Vieulas no pudo escapar a la desestabilización y quedó inclinada.

En esta área se encuentra la Porte de Rodez o del Burgo, más sencilla que las otras, que comunicaba con el antiguo burgo de Saint-Vincent.

Lices Basses, Lizas Bajas

Y con esto acabamos la visita a la Cité, después de repensar la historia, imaginar el pasado, echar fotos que salían solas, admirar las vistas...

He estado dos veces en Carcassonne, una en el mes de diciembre, con un clima muy parecido a Barcelona y poco turismo, con lo que era más fácil recorrer todos los sitios, aunque no estaba tan animado; y la otra en abril, con buen tiempo y mejor ambiente, aunque demasiado turismo, al punto de que algunos espacios como las callejuelas estrechas o llenas de tiendas se vuelven un poco agobiantes y sale a relucir la Carcasona más comercial.

Pero siempre vale la pena el acercamiento, e incluso repetir, porque parece que siempre puedes encontrar algo nuevo, un detalle en el que no habías reparado, una historia que no conocías... Carcasona es tierra del pasado, de conjunción de épocas, de guerras y asedios, de leyendas, de condes, vizcondes y reyes, refugio y castigo de los cátaros, testigo de las cruzadas y de la Inquisición, con montones de páginas y personajes conocidos e inéditos que aguardan a cualquier explorador que quiera sumirse en sus secretos.

Murallas de Carcasona, Vista desde las Murallas, Carcassonne



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Huellas del tiempo en la Cité de Carcassonne (II)


Carcassonne, Carcasona, Carcassona

Hay quizás dos maneras de visitar la Cité: una es hacerlo con aire despreocupado, paseando y disfrutando del conjunto. De esta manera la visita se hace corta, y mejor acompañarla de una comida/cena en uno de sus restaurantes y tal vez, de una incursión por sus comercios turísticos.

La otra opción es visitarla paso a paso, analizando cada detalle, localizando las señales históricas que el tiempo no ha borrado, conociendo más sobre la cultura y la religión que se desarrolló en su territorio... Aunque hay espacios donde solo parece quedar el testimonio documental, el transcurso de los años ha evaporado cualquier huella.

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Después de visitar la Basílica, continuamos nuestro itinerario para ver las restantes plazas de Carcassonne. Siguiendo la Rue du Plô, encontramos primero el Musée de l'école y más adelante, la Place du Petit Puits, denominada así porque en su centro luce un pequeño pozo, uno de los 22 localizados en la ciudad.

Place Marcou, Plaza MarcouPlace Marcou, Plaza Marcou

Proseguimos el recorrido hasta llegar a la Place Marcou, más amplia que la anterior y mucho más animada con varias terrazas y restaurantes.

Place Marcou, Plaza Marcou

Al centro de la plaza se alza una fuente con un monumento a Théophile Marcou, abogado, político y alcalde de Carcasona elegido en 1870. A través de sus esfuerzos, el agua corriente se instaló en la Cité en 1872. Los habitantes lo celebraron con entusiasmo, pues hasta entonces el agua era extraída de los diferentes pozos que existían en la ciudad.

Place Marcou, Jardines Plaza Marcou

A un lado de la Plaza Marcou hay unos jardines con una cruz en el centro, de la banda que colinda con las murallas y muy cerca de la Puerta de Narbona. En este emplazamiento se encontraba antiguamente la Iglesia de Saint-Sernin, que fue demolida durante la Revolución francesa. Aún se conservan restos en las paredes y una ventana insertada en la Torre Saint-Sernin.

Place du Grand Puits, Potz de las Fadas, gran pozo

Reanudamos el paseo por la Rue du Grand Puits, donde se encuentra el Restaurant des musées y La cité des enfants. Llegamos a la Place du Grand Puits, conocida por el gran pozo que exhibe en su centro, según dicen el más antiguo de la ciudad. En esta plaza también se localiza la Maison Hantée.
 
 El Gran Pozo (o Potz de las Fadas, en occitano Pozo de las Hadas) no solo ha sido objeto de una poesía anónima en occitano que data del siglo XVII, sino que también ha sido fuente de leyendas. Una de ellas se refiere al tiempo de los visigodos, cuando temerosos de la llegada de Atila, decidieron ocultar el tesoro del Templo de Salomón en el fondo del pozo.

Otra de las leyendas cuenta que el diablo en persona se habría precipitado en el pozo bajo la forma de un burro con siete arqueros que habían calumniado a los apóstoles y a Saint-Gimer.

Cerca de la plaza, por la calle Saint-Jean, se encuentra el Musée de l'Inquisition. Por último, llegamos a la Place Saint-Jean, desde la que se tienen buenas panorámicas del castillo. En esta plaza se emplazaba la Capilla de los Penitentes, hoy desaparecida. Se cree que cerca de aquí hubo un cementerio, pues se encontraron huesos humanos en los sótanos de algunas casas de la plaza.

 Nos encontramos otra vez frente al castillo y así acabaríamos el recorrido de la ciudad intramuros. Lo siguiente sería hacer el trayecto externo, entre murallas y torres de defensa.

Châteaux Comtal, Castillo Condal, Castillo de Carcasona

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lunes, 5 de diciembre de 2011

Huellas del tiempo en la Cité de Carcassonne (I)


Carcassonne, Carcassona, Carcasona

El paisaje invernal de la Bastida de Sant Louis (0 ciudad baja) se mostraba sobrio y desgastado, con calles desoladas y cierto aire de abandono. A principios de diciembre solo unos pocos decorados anunciaban que se acercaba la Navidad, como la noria engalanada y solitaria que presidía la Plaza Gambetta.

Tras la primera toma de contacto con el hotel donde nos alojaríamos, nos dirigimos hacia la ciudadela. Dejamos el coche en un aparcamiento cerca de la Cité Administrative, punto intermedio entre el río Aude y el Pont Vieux a un lado y las imponentes murallas de la Cité al otro.

Subimos andando por la histórica Rue Trivalle hasta los pies de la Cité. De una banda, un parking de pago con caravanas y autocares que hacían la ruta del país cátaro. Como telón de fondo, bandadas de aves componían dibujos durante su migración. Ante nosotros se alzaba la ciudadela como símbolo religioso, arquitectónico e histórico.

Porte Narbonnaise, Porte de Narbonne, Puerta de Narbona

La Puerta de Narbona es la entrada principal que da acceso a la Cité. Antes de entrar puede verse el busto de Dame Carcas en un pilar y la inscripción latina "SUM CARCAS" (Yo soy Carcassona). Esta es una de las leyendas más conocidas de la ciudad y se asocia al origen del nombre de Carcassonne.

Dame Carcas, Carcas
 Cuentan que en los tiempos en que la ciudadela estuvo ocupada por los sarracenos, alrededor del año 750, en tiempos de Pipino el Breve, ejército francés la sometió a un largo asedio que duró años. El objetivo de los franceses era conquistarla sin luchar, pues contaban con que el hambre y la escasez de productos necesarios hicieran mella en la población y se vieran obligados a ceder la fortaleza.

Al morir el rey sarraceno, la Dame Carcas se vio precisada a tomar el mando. Ingeniosamente, colocó muñecos de paja en las murallas, vestidos con las ropas de los soldados muertos para hacer ver que sus fuerzas aún no habían diezmado tanto como el enemigo pensaba.

Y como colofón de su estrategia, ordenó cebar a un cerdo con las últimas provisiones de trigo que les quedaban y luego lanzarlo desde lo alto de las murallas. Ante la vista de los franceses, el espectáculo surtió el efecto deseado: los habitantes tenían provisiones suficientes si aún se podían permitir alimentar así a los cerdos.

Se dice que cuando el ejército francés inició la retirada, la Dame Carcas hizo sonar las campanas de la ciudad y uno de los caballeros franceses comunicó a su general: Sire, Carcas sonne (Señor, Carcas te llama). Según algunas versiones, firmaron un tratado de paz y ante la valentía de la Dame Carcas, el rey francés bautizó a la ciudad con el nombre de su defensora y permitió que uno de sus caballeros la desposara.

Dame

El busto de Carcas es una copia del original que se conserva en el Museo Lapidario de la ciudadela. A la entrada de la Cité y bajo la copia del busto de Carcas, se encuentra una placa indicando que la ciudadela forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

 Una imitación de puente levadizo dirige hacia el interior de las murallas, detalle que no es original de la fortificación, sino que fue añadido por el arquitecto Violet-le-Duc durante las restauraciones que llevó a cabo en la Cité en el siglo XIX.

Porte Narbonnaise, Puerta de Narbona, Porte de Narbonne, Estatua de la VirgenPorte Narbonnaise, Porte de Narbonne, Puerta de Narbona, Estatua de la Virgen

La Porte Narbonnaise responde al modelo de las puertas fortificadas medievales, tiene dos torres iguales a ambos lados de la edificación central que descansa sobre los arcos de la puerta, formando una entrada muy estrecha. En la parte superior se encuentra un nicho con la réplica de una estatua de la virgen del siglo XIV, el niño Jesús que tenía en sus brazos desapareció. 

 A la derecha de la entrada queda la Oficina de Turismo de la Cité, nos sorprendió gratamente encontrar algunos folletos en catalán. En definitiva, Catalunya no solo tiene fronteras con las tierras francesas, sino que también a través de la historia los Condados de Barcelona y Carcasona estuvieron relacionados.

 En esta zona, pasando la Torre del Tesoro, también pueden verse restos de las murallas galo-romanas.
Rue Cros Mayrevieille, Calle Cros Mayrevieille, Comercios de Carcasona

Volvimos a la calle Cros Mayrevieille, eje de la Carcasona comercial. Allí está la típica tienda de la Cure Gourmande, llena de golosinas, caramelos y bombones, muy bien presentados. Y luego hay más tiendas de recuerdos que explotan el pasado histórico de la villa: catarismo, medioevo y templarios son los temas más concurridos. También hay un punto de información sobre los museos de la Cité: La maison hantée, Musée de l'école, Musée de la chevalerie y de Intruments de tortures.

Además del nombre de la calle, también hay un monumento a Jean-Pierre Cros Mayrevieille, que fue historiador y secretario de la Comisión de Artes y Ciencias de Carcassonne y a quien se atribuye la salvación de la Cité.

Place du Châteaux, Plaza del Castillo

Continuamos hasta las puertas del Chateaux Comtal, en los alrededores se paseaba un grupo disfrazado con trajes medievales. Era un fin de semana de principios de diciembre y había poco turismo, por lo que pudimos deambular sin prisas por la ciudadela. Solo tuvimos la desdicha de encontrar el castillo cerrado porque los museos de Francia estaban en huelga. No obstante, en otra visita que hicimos pudimos saldar la deuda.

Châteaux Comtal, Castillo Condal

Durante el Vizcondado de los Trencavel, se construyó el Castillo Condal entre 1130 y 1150, sobre los restos del castellum galo-romano. En 1923 se descubrieron varios mosaicos con motivos geométricos que hicieron suponer que allí radicó el pretorio romano. Cuando la ciudad cayó en manos de los cruzados, se convirtió en la residencia del Conde Simon de Montfort y más tarde, al ser anexada a la corona de Francia, es instaurada una senescalía. En época más reciente, sirvió de prisión al encerrar oficiales alemanes durante la Primera Guerra Mundial. Cuando Francia estuvo ocupada en la Segunda Guerra Mundial, los nazis lo convirtieron en su Cuartel General.

Hotel Le Donjon
Brasserie Le Donjon

Continuando por la Rue Porte d'Aude, se localiza el Hotel Donjon y la Brasserie Le Donjon. Esta última con una estrategia comercial sencilla, pero efectiva: la de colocar a la vista y ofrecer la carta del restaurante en varios idiomas, entre ellos el español. Ofrecen diferentes menús, no tan completos como en territorio español, y algo más caros. Por supuesto, no faltaban los menús cátaros, que eran los que más se hacían pagar. En general, la oferta de platos era variada y la atención muy correcta.

Siguiendo por esta calle se encuentra el Musée de la Chevalerie y la Puerta de Aude. Reanudamos la ruta entre las callejuelas hasta salir a la Place Saint-Nazaire. En un ángulo de esta plaza, frente a la Basílica Saint-Nazaire, se encuentra una de las casas más antiguas de la ciudad y quizás una de las más fotografiadas por los turistas.


Chez Saskia, maison à corondages, casas de Carcasona

También se ubica en esta plaza el célebre Hôtel de la Cité, construido sobre el emplazamiento del antiguo palacio episcopal y clasificado como monumento histórico.

Hôtel de la Cité, Hoteles de Carcasona
Hôtel de la Cité, Hoteles de Carcasona

 Y finalmente presidiendo la plaza, se halla la Basílica Saint-Nazaire, construida en 1096 por los Trencavel. La iglesia perdió su condición de Catedral de Carcasona en 1802 a favor de la Iglesia Saint-Michel de la ciudad baja. La Cité había caído en el olvido y la Bastide de Saint Louis había ganado importancia, de ahí que las autoridades religiosas decidieran el cambio. Más tarde, Saint-Nazaire adquiriría su título de Basílica.

Basilique Saint-Nazaire et Saint-Celse, Basílica San Nazario y San Celso, Église Saint Nazaire, Iglesias de Carcasona

 Rodeando la Basílica, pudimos observar el Teatro Jean Deschamps, en el que se anunciaban actividades relacionadas con la Navidad que se acercaba. Este teatro es más reciente, se construyó en 1908 en el emplazamiento del antiguo claustro de Saint-Nazaire. El teatro estaba cerrado, pero al lado había un área improvisada para la exposición y venta de artistas y artesanos locales.

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martes, 22 de noviembre de 2011

Calas Macarella y Macarelleta: como dos hermanas




Cala Macarella, Menorca
 
Menorca es conocida por el encanto de sus puertos, sus capitales, su gente y sus fiestas, pero sobre todo por sus paisajes, sus bellas calas y sus cuevas, sus acantilados y sus faros. Y también por su ambiente de paz, que nos permite disfrutar plenamente del contacto directo con la naturaleza junto a la familia o los amigos. Su patrimonio natural es reconocido como Reserva de la Biosfera desde 1993.

Uno de los mayores atractivos de Menorca son sus playas y sus calas, que con el buen tiempo, pueden ser la mejor receta de relajación sin tener que marchar tan lejos. Dentro de las playas menorquinas, cada una tiene su propia personalidad y su encanto particular, y sus características generales varían según su ubicación hacia el norte o hacia el sur de la isla.

La Macarella se encuentra situada al sur, en el municipio de Ciutadella. La costa sur es famosa por sus espacios naturales paradisíacos, prácticamente vírgenes, que a pesar del crecimiento turístico se han mantenido sin urbanizar y se han conservado intactos. Las playas más renombradas son la Macarella y la Macarelleta y Cala en Turqueta.

Quizás la foto más comercial y conocida de Menorca es aquella que muestra el escenario de la Macarella en toda su magnitud, con sus vivos colores y el contraste natural que ofrece el agua con los acantilados y los pinares que le hacen compañía. Por eso en los últimos tiempos y especialmente en temporada alta, la Macarella se llena de turistas y desaparece esa tranquilidad que esperamos recibir.

Cala Macarella, Menorca

Para acceder en coche a la playa Macarella y si se viene desde Ciutadella, se debe coger la estrecha carretera de Sant Joan de Missa e ir siguiendo las indicaciones. En un punto del recorrido se dividen los caminos hacia Cala Macarella y Cala en Turqueta. Es aquí donde se nos puede cortar el paso cuando el aparcamiento de la playa está completo.

De hecho, a nosotros nos pasó porque fuimos demasiado tarde y ya no habían plazas disponibles para aparcar, por lo que tuvimos que recurrir a un plan B y volver al día siguiente, más temprano. Esto os puede dar la medida de la masificación que suele haber en verano. Por eso, si podéis evitar el mes de agosto, seguramente podréis disfrutar más aún de la isla, con la tranquilidad que deseamos en unas vacaciones.

En la zona de la Macarella existen dos aparcamientos, uno que es gratis y está más alejado, y otro que es de pago y como es evidente está más cerca. Lo más práctico es pagar los 5 euros que cuesta el parking de pago, porque tendréis la playa a unos escasos minutos. La opción gratuita supone andar unos 20 minutos, que fue la que utilizamos nosotros, y se puede tomar como un paseo sin prisas para llegar con más deseos a la famosa Macarella. El problema de esta opción es el regreso, porque es cuesta arriba y da más pereza. Creo que lo mejor es dejar el coche cerca, no solo para cuando tengamos que marchar, sino también porque si se necesita alguna cosa, está accesible a unos pasos.

El camino que viene desde el parking gratuito termina en el chiringuito de la Macarella. Es el único de la zona y los precios no son baratos, así que las opciones son consumir en él o llevar comida y bebida preparada. También dispone de un área de servicios y de duchas. Cuando hay tanta gente, siempre toca esperar y hacer cola.

Mi primera impresión de la Macarella en pleno agosto no fue completamente la que me esperaba. Es simple, no se puede disfrutar de esa visión de postal que nos venden cuando en la playa no cabe nadie más. Y eso no le resta su encanto, que igualmente lo tiene, pero lo tienes que ir descubriendo poco a poco, entre la gente o al margen de todos. Me pasó igual en la playa Ses Illetes de Formentera, también preciosa, pero agobiante de tan masificada.

Cala Macarella, Menorca

La Macarella se encuentra entre unos acantilados que le dan esa forma característica de U y está rodeada por frondosos pinos que dan sombra y embellecen aún más el paisaje. La arena es blanca y muy fina, lo que contrasta con el color de sus aguas. Quizás sea este su atractivo fundamental, el color turquesa de sus aguas, que casi parece un cuadro y relaja a la vista. En ese sentido, las postales muestran la verdadera esencia de la cala y el contraste cromático y natural tan agradable a los sentidos. Aunque las mejores vistas se tienen desde arriba, remontando sobre los acantilados.

Otra cosa que también caracteriza a la Macarella son algunas pequeñas zonas cubiertas de algas, lo que a mí no me hace mucha gracia y me molesta un poco. Pero sobre todo se encuentran cerca de la orilla, cuando se avanza un tramo se puede disfrutar del agua limpia y transparente. Y aunque quizás no hagan gracia, estas algas son especies protegidas.

Como es muy fácil fondear en las aguas de la Macarella, se pueden ver numerosas embarcaciones. En Menorca también existe la posibilidad de alquilar embarcaciones y conocer la isla desde el mar, incluso hay calas a las que solo se tiene acceso por esta vía. En Macarella el agua es tan cristalina, que desde lo alto parece que las embarcaciones están como suspendidas en el aire, incluso pueden distinguirse sus sombras en contraste con el color turquesa de la cala.

Entre los acantilados se alza una roca muy pronunciada desde donde la gente se tira, son unos cuantos metros y debe ser una buena descarga de adrenalina. Pero yo me limité a echar fotos y grabar vídeos de mis amigos mientras se tiraban, creo que con eso ya tuve suficiente.

Por ser verano también puede haber alguna paradita hippie vendiendo pulseritas y artesanías varias. El día que estuvimos también había un chico vendiendo frutas frescas, con mucha habilidad para cortarlas y servirlas al momento, incluso en el caso de los cocos, que estaban buenísimos.

La Macarelleta

En la misma bahía y a la derecha de la Macarella, se sitúa la Macarelleta, que es como una versión en pequeño de la primera. Siempre se dice que son como dos hermanas, la mayor y la menor.

Además, a la Macarelleta solo se puede acceder por la Macarella, pasando entre los bosques de pinos que se sitúan a la derecha de la playa y remontando los acantilados. Hay una parte donde hay unas escaleras talladas en la misma piedra y se abre el sendero hacia la Macarelleta, que en algunos tramos está protegido por unas barandillas. 

Cala Macarelleta, Menorca
Cala Macarelleta, Menorca

Desde aquí se pueden observar mejor las cuevas que hay en esta zona, aunque no se puede acceder a ellas porque están cerradas con unas rejas metálicas. Estas cuevas fueron utilizadas antiguamente como necrópolis, también fueron usadas por los militares durante la Guerra Civil y sirvieron de refugio a los hippies.

Al llegar a la parte más alta del acantilado se puede ver la unión entre las dos calas y es en este punto donde sus aguas lucen una tonalidad más turquesa. Vale la pena hacer un alto en el camino, para hacer fotos, grabar vídeos o simplemente disfrutar de la panorámica. En este caso el artista que nos seduce y nos relaja con sus obras, es la propia naturaleza.

Por el sendero se debe andar con cuidado, sobre todo si hay tránsito de personas, no deja de ser un acantilado. Desde lo alto ya se puede contemplar que la Macarelleta también merece atención. Mucha gente se queda en la Macarella, quizás por pereza o por no tener que hacer el recorrido con todas las cosas hacia la más pequeña, pero también vale la pena. Y quizás por esta razón, la Macarelleta siempre está más tranquila.

También de arena blanca y fina, se puede disfrutar de las diferentes gamas de color de sus aguas, entre azules, verdes y turquesas. Además, está reconocida como uno de los mejores sitios para practicar nudismo en la isla. En el anuncio de Estrella Damm del verano del 2010, rodado en Menorca, salen imágenes muy bonitas de Macarelleta.

Resumiendo, durante un viaje a Menorca la Macarella es una visita obligada, y no solo por su fama, que la tiene bien merecida, sino porque realmente su belleza es tal cual la pintan, sin retoques. Si se puede elegir, es mejor abstenerse en agosto y visitarla en otro mes como junio o septiembre, que quizás no está tan masificada. Si se quiere más tranquilidad, la opción más idónea es quedarse en la Macarelleta. Y si vais en coche y no queréis caminar mucho, lo que va mejor es dejarlo en el parking de pago, a unos 5 minutos de la playa.

Otra cosa que no podemos olvidar, porque a veces el turismo inconsciente acaba por pasar factura en estos sitios y dejar su huella irresponsable, es cuidar este entorno natural y no ensuciarlo, para que se puede mantener intacto y nos pueda recibir como a todos nos gusta, limpio y cuidado.

La Macarella es un sitio para volver, más cuando lo tenemos tan cerca, y un excelente descubrimiento para los que no la conocen.

Cala Macarella, Menorca




martes, 15 de noviembre de 2011

La Bambouseraie de Prafrance: un entorno donde perderse


La Bambouseraie de Prafrance tiene sus orígenes en las primeras plantaciones que realizó Eugène Mazel en 1856. Su pasión por la horticultura lo llevó a aclimatar en estas tierras especies exóticas de América del Norte, Japón y el Himalaya. Con estos objetivos, creó además un canal para llevar el agua del río Gardon hasta Prafrance, y los invernaderos victorianos con fines decorativos y de experimentación.

Aprovechando sus relaciones como comerciante de especias, Mazel logró reunir en el parque una importante colección vegetal de coníferas, bambús, olmos, robles y plantas ornamentales. En 1902 el parque pasó a manos de la familia Négre, quien ha mantenido y enriquecido sus reservas hasta la actualidad.

La entrada a la Bambouseraie es anunciada por una avenida de bambús gigantes y secuoyas. En el tramo inicial se han colocado unos paneles que explican la historia del parque y dan detalles de su fundador. Luego, a medida que vamos avanzando, el follaje de los bambús queda tan entrelazado que nos sumerge en un bosque de sombras. Escépticos, nos preguntamos si acaso no hemos subestimado este sitio, la monumentalidad de lo natural sobrecoge y contesta implícitamente: esto es solo el comienzo, aún queda más por explorar.
 
La Bambouseraie es, en esencia, el acercamiento al mundo mágico vegetal y dentro de este, al de los bambús. Por ello, también nos informaremos durante el recorrido y a través de paneles, de sus diferentes utilidades y beneficios en la vida del hombre: su uso en la industria, como alimento, para la investigación científica, para la artesanía y el arte, para la arquitectura y también como símbolo cultural, entre otros.


Como muestra del valor del bambú para el hombre se presenta la réplica de un pueblo de Laos con sus típicas casas de bambú construidas sobre pilotes, un estanque con nenúfares, una vegetación subtropical que varía entre palmeras y platanales y hasta una granja de cerdos. Una colección de cestas, cuencos y utensilios dan fe de las labores artesanales.

 

Más adelante nos topamos con ejemplares de árboles que destacan por su edad, altura o ancho, como el caso del Gran Roble.
 

Como testigo de otros tiempos, se mantiene el antiguo edificio de la Granja, cuya existencia consta documentada en un catastro de finales del siglo XV.


Continuamos la visita, mientras nos contemplan silenciosos no solo diferentes especies de bambús, sino toda una vegetación espesa y variada de flores y árboles. En los puntos claves se han dispuesto pulsadores en varios idiomas que son audio guías que explican las particularidades de la especie en cuestión.


Hacia un lado se abre un sendero que conduce al Valle del Dragón, un jardín zen construido en el 2000, año del dragón, por el paisajista Eric Borja. Su diseño se basa en los principios del Feng Shui y ello se evidencia en la armonía que trasmite, en el contraste de colores y en la frescura de la conjunción de elementos que conforman el paisaje.


Al final del valle se alza el Pabellón del fénix rojo, construido con varios tipos de madera, como el cedro, el castaño y la acacia. Aquí se puede hacer un alto en el camino, disfrutar de las vistas del valle, respirar el ambiente de calma que trasmite, experimentar con la fotografía, perdernos y encontrarnos otra vez...


Tras abandonar el Valle del Dragón, volvemos al bosque de bambús y en el camino también vamos disfrutando de las obras artísticas expuestas en relación directa con la naturaleza y de los espacios reservados para las muestras de arte. En definitiva, y como ha dicho Muriel Négre: "Le travail de l'artiste fait partie de la sensibilisation à la nature".


Detrás de los invernaderos se esconde un jardín acuático. Árboles con formas caprichosas, helechos, juncos, lirios y otras plantas acuáticas rodean el estanque, donde nadan tranquilamente carpas koi de color nácar o plata, blancas o anaranjadas con pecas negras.

Los invernaderos Mazel albergan exposiciones botánicas permanentes y temporales. Entre las primeras, puede observarse la colección de plantas suculentas y plantas carnívoras, y la muestra de especias al natural, que despierta nuestra curiosidad olfativa. La exposición temporal que vimos se refería a los cultivos de fibras de las plantas, y temas como la fabricación textil, del papel y de colorantes y los usos de plantas como el lirio, el algodón, el cáñamo o la ortiga.

Pasando los invernaderos, nos encontramos con una muestra de bonsáis, dispuestos a nivel del agua, que después discurre como una pequeña cascada por los canales del parque.


Y para perdernos ya del todo y sentirnos como niños, nos adentramos en el laberinto de bambú. Podemos evocar la leyenda del hilo de Ariadna, o experimentar al azar entre las vías posibles hasta encontrar la salida. Fácil y divertido, para pasar un buen rato.

Para finalizar, pasamos por el Bambousarium y por último, por la zona de venta, donde se pueden adquirir plantas y complementos de jardinería. También hay paraditas con objetos artesanales y una bamboutique donde se venden artículos de decoración oriental, recuerdos, pinturas y libros especializados.

La Bambouseraie es como un museo natural, donde vamos a admirar la obra de la naturaleza y sus maneras de convivencia con el hombre, es un espacio para disfrutar en paz y llenar nuestros pulmones de savia limpia e inspiradora.


Web de la Bambouseraie de Prafrance: www.bambouseraie.com