miércoles, 26 de octubre de 2011

Historias del Ponte Vecchio de Florencia



Ponte VecchioPonte Vecchio

A veces el tiempo, otras el arte o la pasión, e incluso el turismo, hacen crecer y alimentan leyendas sobre los lugares. Cuando se trata de sitios tan turísticos, siempre salen a relucir historias que no sabemos ni cómo se originaron ni el contenido de mito o realidad que encierran.

Estatua Benvenuto CelliniUna edificación tan antigua como el Ponte Vecchio ha anclado sus raíces en la historia florentina y se ha convertido en uno de los símbolos más conocidos de la ciudad. 

En este punto inicialmente se localizaba un puente de madera construido por los romanos. Fue en 1345 cuando se levantó el puente con su forma actual, obra de los arquitectos Taddeo Gaddi y Neri di Fioravante.

Puente Viejo Florencia El Puente Viejo de Florencia se compone de tres grandes arcadas sostenidas por potentes pilares que le dan estabilidad. Una de sus características principales es que no está construido con la única finalidad de proveer el paso hacia la otra orilla del río, sino más bien como una auténtica calle de negocios, con locales a ambos lados que sobresalen como balconadas de colores y se apoyan sobre pilares de madera.

Ponte VecchioEn el centro se dispone un espacio libre de locales, con tres arcos que se abren en forma de galería a un lado, y al otro se sitúa el busto de Benvenuto Cellini, el célebre orfebre autor de la escultura Perseo con la cabeza de Medusa, que se encuentra en la Logia dei Lanzi. La estatua es obra del escultor Raffaelo Romanelli y fue colocada en 1900.

Justo alrededor de la estatua de Cellini podemos encontrar las evidencias de la tradición más reciente. En las barandillas que guardan el monumento se entrecruzan candados colocados por parejas de enamorados, después de haber tirado las llaves al río, siguiendo la tradición que anuncia que así su amor será eterno. La costumbre está tan afianzada que ha sido prohibida por las autoridades al generar daños para la estructura del puente, y de tanto en tanto se procede a retirar los candados.

 Otra de las curiosidades que presenta el Ponte Vecchio es el Corredor Vasariano construido sobre las tiendas por el arquitecto Giorgio Vasari en 1565, por encargo de Cosme I, para comunicar el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti, que era la residencia de los Médici. Así quedaba sentada una relación urbanística entre los puntos neurálgicos de la ciudad: el río, el puente antiguo y los centros de poder.

Ponte Vecchio desde Uffizi y Corredor Vasariano

Cuentan que por aquel entonces el puente estaba ocupado por carniceros, curtidores y herreros, y quizás por los olores que desprendían estas labores, por la proximidad del corredor vasariano o para aumentar el prestigio del sitio, en 1593 Fernando I de Médici decidió echar a estos comerciantes. Se dice que ante la rebeldía de los mercaderes, los soldados les destruyeron sus puestos de trabajo y muchos de ellos quebraron, de ahí el origen del término bancarrota (banco + rotto).

Con el tiempo, el puente se fue llenando de orfebres, plateros y joyeros, que eran los comerciantes que podían mantenerse en un sitio tan selecto, convertido en uno de los principales centros de comercio de Florencia.

Ponte VecchioOtro hecho relevante tuvo lugar con la retirada de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, que arrasaron a su paso con los puentes de la ciudad, con la excepción del Ponte Vecchio. Algunas fuentes refieren que hubo una orden expresa de Hitler de no destruirlo. Una tarja homenaje en el puente recuerda la intervención del cónsul alemán durante la guerra Gerhard Wolf.

Ponte Vecchio En el Ponte Vecchio hay otra inscripción que transcribe un pasaje del Paraíso de la Divina Comedia de Dante, en recuerdo del asesinato de Buondelmonte en 1215 por los Amidei, hecho que dio inicio a la lucha urbana entre güelfos y gibelinos. Dante hace alusión a una estatua ecuestre que se conservaba antiguamente en el Ponte Vecchio y que, según creían, representaba al dios Marte.

Marte fue el primer patrono de Florencia, luego sustituido por San Juan Bautista. La estatua era vista como una protección por la ciudad e incluso el historiador Giovanni Villani había manifestado el peligro que sufriría la ciudad si la estatua cayera o fuera movida.

Se trataba de una estatua mutilada, cuyos orígenes no estaban claros, como tampoco que representara efectivamente al dios Marte. Pero en 1333 cuando fue arrasada por una inundación, muchos temieron por el futuro de Florencia y el mal augurio que causaba su pérdida, incluso algunos interpretaron el hecho como un preanuncio de la peste negra.

 Sea como sea, el Ponte Vecchio mantiene su relevancia en el paisaje florentino y es ampliamente reconocido por sus excepcionales joyerías. Durante el día goza de un constante ajetreo y se llena de turistas curiosos; por las tardes se puede admirar el contraste de colores de la puesta de sol en el escenario de la ciudad; por las noches no está tan concurrido y se puede pasear con más calma, como si fuese una pasarela, o admirar desde los otros puentes el eco de luces que refleja el puente más antiguo de Florencia en las aguas del río Arno.

Ponte Vecchio de noche


lunes, 24 de octubre de 2011

Viñales: El reino de los mogotes


Valle de Viñales, Parque Nacional, Paisaje Cultural de la Humanidad

Viñales, mogotes, Mural de la PrehistoriaPartimos de la Habana en coche y nos dirigimos por la Autopista Nacional hacia Viñales. Al principio el paisaje es llano y bastante monótono. El primer punto de interés que se encuentra es la Comunidad Las Terrazas y un poco más adelante Soroa, los dos merecen una visita, antes o después de conocer Viñales y de dejar el territorio pinareño.

A partir de este tramo, la vegetación se hace más variada, pueden verse pinos, eucaliptos, palmas barrigonas, sembrados, incluso personas que venden productos y frutas frescas en quioscos o en la propia carretera.

Como ya conocíamos la ciudad de Pinar del Río y no teníamos interés en repetir la visita, cogimos el atajo hacia Viñales por el poblado de Las Ovas. Al final giramos a la derecha y nos incorporamos a la carretera que da acceso a Viñales.

Nuestra primera parada fue en el Mirador del Hotel Los Jazmines, dispuesto como una terraza panorámica sobre el Valle de Viñales. Desde allí se divisa todo el paisaje de mogotes, palmas reales y vegas de tabaco. Poder alargar la vista y admirar parte de la Sierra de los Órganos, donde se enclava el valle, da sensación de quietud y fusión con la naturaleza. Y si se recorren algunos de sus senderos, nos podemos desintoxicar del estrés de las ciudades.

Antes de dirigirnos al pueblo pasamos a ver el Mural de la Prehistoria, pintado por Leovigildo González en una de las laderas del mogote Pita. El mural representa la evolución natural y se reproducen algunos mamíferos y moluscos y los indios guanahatabeyes, pero no tiene más interés.

Al otro lado de la carretera, se accede al Hotel La Ermita, desde donde también se tienen vistas excepcionales sobre el conjunto del Valle.

Luego llegamos al pequeño pueblo de Viñales, con sus casas típicas de tejas criollas y portales con columnas, algunas han modificado su estilo original y sirven de alojamiento a los turistas. Ojalá no pierdan su encanto característico y no se dejen corromper por el turismo.

Pueblo de Viñales, Colonia Española, Iglesia de Viñales

En el núcleo del centro urbano sobresale la Plaza de Viñales, con la Iglesia, la Casa de la Cultura y una galería de arte.

La Iglesia Parroquial de Viñales se terminó en 1888 y vino a sustituir una antigua ermita de techo de guano localizada en este sitio y que fue destruida por un ataque de piratas. La Casa de la Cultura radica en el antiguo edificio conocido como la Colonia Española. La fachada está matizada por arcos de medio punto y una amplia galería, el techo es de tejas criollas de barro. Ambos edificios acusan el paso del tiempo.

Tras pasar el pueblo nos dirigimos al Palenque de los Cimarrones o Cueva de San Miguel. A la entrada hay un bar y para pasar al interior de la cueva se tiene que pagar. Mediante algunos objetos y la recreación de un campamento cimarrón se escenifica de forma muy sencilla la historia de los esclavos africanos que escapaban de sus dueños y se refugiaban en las cuevas. Al final se nota bastante que es un sitio preparado para el turismo y el precio no se corresponde con las expectativas que genera.

Palenque de los Cimarrones, Viñales

A la salida de la cueva hay un restaurante criollo ambientado en la religión afrocubana. En la antesala se representa a Eleguá, que abre y cierra los caminos, y las diferentes salas se disponen en caneyes o chozas rústicas, cuya decoración y color aluden a varios santos africanos.

 Otra de las cuevas que visitamos y que también es muy turística, aunque merece más la pena, es la Cueva del Indio. Además de la disposición natural de estalactitas y estalagmitas, aquí se han encontrado pinturas y restos de culturas precolombinas. Una parte del recorrido se hace a pie y la otra en una pequeña barca, pues en el interior corren las aguas del río San Vicente. Si se mira con atención se pueden adivinar formas caprichosas que recuerdan una hoja de tabaco, una serpiente y otras imágenes. El guía que llevaba la barca nos explicó que más adelante ampliarían el perímetro visitable.

Cueva del Indio, Viñales
Un recorrido rápido y muy básico se puede hacer en un día, pero lo mejor es tener tiempo para poder visitar con detalle los diferentes valles y cuevas que conforman todo el conjunto declarado Parque Nacional y Patrimonio Cultural de la Humanidad. Hay diferentes rutas de senderismo, paseos a caballo y recorridos en bici. Conocer más sobre la cultura del tabaco, explorar la abundante flora del lugar, hacer escaladas o practicar espeleología son otras de las actividades que pueden hacerse en Viñales. Igualmente, Pinar del Río es la provincia verde de Cuba, llena de entornos naturales que hacen disfrutar del paisaje y el relax. También se podrán visitar en la provincia el Sistema Cavernario de Santo Tomás, los Cayos Levisa y Jutías, Las Terrazas, Soroa, San Diego de los Baños y María la Gorda.

Valle de Viñales

miércoles, 19 de octubre de 2011

Fontana di Trevi: entre calles y leyendas


Fontana di Trevi, Roma

Me gusta callejear, perderme entre las calles de cualquier ciudad y palpar su vida cotidiana. También me gusta sorprenderme y encontrar como al azar algún sitio de interés. Ese factor sorpresa da más encanto a la visita, como si mis pasos me guiaran cada vez a una nueva experiencia o a una cita espontánea con el arte o la historia.

Y así fue, un frío diciembre en Roma, en el que anochecía demasiado temprano y además llovía. Confieso que otros sitios nos los mirábamos muy bien en el plano para no perder tiempo, es lo que pasa cuando tienes los días justos. Pero en aquel instante, estábamos en nuestro momento de perdernos, una de las pocas veces durante el viaje, y que disfrutamos como niños.

De pronto se escuchaba como un suave tintineo de aguas... ¿quizás porque lloviznaba sobre Roma? Pues no, era la Fontana que se anunciaba. La rodeamos sorprendidos, no la esperábamos, perdida entre callejuelas. Esto ya pasa mucho en Roma, que la ciudad antigua y los monumentos de otra época conviven con la ciudad moderna, y el contraste temporal resulta cuanto menos insólito.

 La Fontana di Trevi fue concluida en 1762 por Giuseppe Pannini, pero quien comenzó los trabajos fue Nicola Salvi. Su construcción se relacionaba con la costumbre de levantar fuentes o monumentos en los sitios que marcaban el fin de un acueducto, práctica seguida por la Roma Imperial y que luego continuarían los Papas.

Fontana di Trevi, Roma
En este punto se extinguía el Aqua Virgo, uno de los antiguos acueductos que abastecían de agua a Roma. Cuenta la leyenda que una chica virgen, a quien unos soldados sedientos clamaron por agua, les mostró el camino hacia el manantial que después proveiría al acueducto. Posteriormente, en 1453, fue consagrado por el papa Nicolás V como Acqua Vergine.

 La denominación de la fuente actual se debe a su ubicación, justo en la intersección de tres calles, en italiano tre vie.

 En la fachada del Palacio Poli se ha insertado el núcleo de la Fontana, en forma de arco de triunfo. En la parte superior y a ambos extremos, se pueden observar unos relieves que hacen alusión al origen imperial de los acueductos. Debajo de estas escenas hay dos nichos con sendas estatuas realizadas por Filippo Della Valle: el de la izquierda acoge a Abundancia que vierte agua de su urna, como alegoría de la prosperidad de Roma; y en el de la derecha se sitúa Salubridad con una vasija de la que bebe una serpiente, en clara referencia a la sanidad del agua que llega a la ciudad.

Al centro aparece imponente la estatua de Neptuno, de Pietro Bacci, en un carro de concha impulsado por dos caballitos de mar, quienes a su vez son domados por tritones. El escenario se corresponde visiblemente con el tema central del proyecto, que es Domando las aguas.

Las circunstancias del momento no nos permitieron hacer las mejores fotos, pero sí disfrutar de la Fontana con la calma que merece, sin el agobio constante de las masas de turistas y sin tener que esperar un sitio donde situarnos en paz.

Y en respuesta a otra de las leyendas que rondan, tiramos nuestra moneda de espaldas a la fuente, con la mano derecha por encima del hombro izquierdo, con la ilusión de volver a la ciudad eterna. Dicen que si tiras dos o tres significa que te enamorarás o te casarás, eso dependerá también de las intenciones que le ponga cada cual.

Domando las aguas, Fontana di Trevi

* Visita virtual a la Fontana di Trevi: http://www.panoramicearth.com/1176/Rome/Fontana_di_Trevi

domingo, 16 de octubre de 2011

Caló des Morts: refugio encantador en Formentera


Caló des Morts, Formentera

Los compañeros con los que viajaba ya conocían Formentera; pero en mi caso, era mi viaje de estreno para conocer el llamado "último paraíso del mediterráneo". Apostamos por la idea de no hacer planificaciones excesivas, sino simplemente dejarnos llevar y disfrutar sin estrés. Así, cada jornada marchábamos en busca de una nueva playa que explorar.

Uno de esos días llegó a nuestras manos una revista de publicidad, de propaganda sin más, sobre restaurantes, alojamientos, tiendas y fotos de la isla. Y entre esas estampas, destacaba la bella imagen de una pequeña cala que no teníamos controlada: Caló des Morts. Enseguida la apuntamos en nuestra agenda.

 Mis amigos conocían de su anterior viaje la zona de Es Copinar, pero no se habían atrevido a inspeccionar un poco más allá. Pasando el Hotel Riu La Mola, siguiendo el camino que bordea la playa, se tiene acceso a Caló des Morts. Se descubre desde lo alto, insertada en el paisaje rocoso, íntima y desenfada a la vez.

Calo des MortsPequeña, de aguas cristalinas -solo opacadas por algunas zonas de algas-, con unos pocos varaderos de barcas, y con franjas de rocas y de arena. Tratándose de un acantilado el acceso es algo complicado, pero en un extremo se han esculpido en la roca algunas gradas a modo de escaleras para bajar a la cala.

 Es ideal para respirar la quietud de la isla y desconectar de todo, para practicar nudismo y sentirse en contacto con la naturaleza. Pero cuando está masificada pierde la mayor parte de su encanto, aunque sus reducidas dimensiones evitan que mucha gente considere el baño. Algunos se asoman desde lo alto por curiosidad y si ven que está muy saturada continúan su camino.

No muchos la conocen -quizás porque queda más apartada y se esconde de las grandes multitudes-, pero la masificación veraniega que Formentera sufre cada año se está extendiendo a todos sus parajes vírgenes, y pocos quedan en su geografía que no reciban los efectos del turismo.

Incluso así, vale la pena dedicar una mañana o una tarde para disfrutar de las aguas de Caló des Morts, de su entorno caprichoso y su ambiente de contemplación.

Formentera

* Web oficial de turismo de Formentera: http://www.formentera.es

sábado, 15 de octubre de 2011

Basílica Sacré Coeur





La Basílica del Sacré-Coeur no tiene los años ni la rica historia de otros monumentos parisinos. Su historia es más reciente, aunque también está vinculada política y culturalmente con la ciudad. Sus orígenes se relacionan con la promesa que hicieron los empresarios católicos Alexandre Legentil y Hubert Rohault de Fleury, al estallar la guerra franco-prusiana en 1870, de erigir una iglesia al culto del Sagrado Corazón de Jesús si Francia salía airosa de la contienda.

Cuando París se libró de la conquista, Guibert -Arzobispo de París- comenzó con el proyecto y las obras fueron encargadas al arquitecto Paul Abadie. La construcción se terminó en 1914, siguiendo un estilo ecléctico, inspirado por las arquitecturas bizantino y romana y por la Catedral de Saint-Front de Périgueaux. Pero no fue hasta el final de la primera Guerra Mundial en 1919 que se pudo consagrar como Basílica y lugar de peregrinación.

La Basílica se construyó gracias a las donaciones que recibió de toda Francia, los nombres de los donantes están grabados en piedra. El objetivo era servir de monumento para expiar los pecados cometidos por la Comuna de París, y a la vez, también en memoria de los caídos durante la guerra contra Prusia. Para erigirla, se eligió un lugar simbólico: Montmartre, que significa "Monte de los mártires", sitio marcado históricamente por el martirio de Saint Denis, el primer obispo de París.

La colina de Montmartre se alza 129m sobre el nivel del mar, y desde ella se domina toda la ciudad de París, de ahí la situación envidiable del Sacré-Coeur, que acentúa su monumentalidad, permitiendo su localización desde cualquier punto de la geografía parisina.

Se puede acceder en metro (Abbesses) o a través de las líneas de buses 30, 31, 80 y 85. Luego se puede subir hasta la Basílica por el funicular o por las rampas. La mejor panorámica de la Basílica se tiene desde el pie de las escaleras, aunque atención a unos sujetos que deambulan por ahí para venderte pulseras de hilo. Más arriba hay un espacio a modo de terraza mirador, con un panel identificando las vistas de los principales sitios.

A los pies queda la panorámica urbana de París, y en contraposición la gran masa blanca del Sacré-Coeur, con su color y arquitectura en claro contraste con el resto de edificios de la ciudad. En invierno, y más si llueve, corre un viento helado que obliga a optar por el refugio de la Basílica.


En la fachada destaca un pórtico de tres arcadas y sobre este, a ambos lados se muestran las estatuas ecuestres de Luis IX y de Juana de Arco, realizadas en bronce por H. Lefèbvre. En la parte superior, preside una gran estatua de piedra de Cristo. Las puertas de bronce de la Basílica ilustran escenas de la vida de Cristo mediante relieves escultóricos.

También se distinguen cuatro cúpulas menores de estilo oriental coronadas por linternas con sus respectivas cruces, y una cúpula mayor que se alza sobre un alto tambor, en el que se abren ventanales que acaban en arcos de medio punto.

En la parte posterior se localiza el campanario de forma cuadrada y con unas dimensiones de 84m, que alberga en su interior a la Savoyarde, la campana más grande de Francia.

La Basílica abre todos los días en el horario de 6 a 23h, la bóveda y la cripta lo están entre las 9 y las 17h (hasta las 18h en invierno). Hay misas todos los días, con varios horarios. También hay una librería y no se permite grabar vídeos ni hacer fotos.

Tiene forma de cruz griega y la rodean siete capillas, entre las que se pueden mencionar: la Capilla de las Santas Reinas de Francia, la Capilla de la Virgen con la escultura de Nuestra Señora de la Paz y la Capilla de Saint-Michel. También se pueden observar los medallones de las 12 cruces de consagración que representan a los apóstoles. Otras esculturas de interés son la de la Virgen y el Niño (1896) y el Sacré-Coeur de plata de Eugène Benet.

 -> Otras cosas que ver:

* El Mosaico de Cristo en la Gloria: de 473 m2 es el mayor de Francia, se representa a un Cristo monumental, con las figuras de la Virgen, San Miguel, Juana de Arco y Francia, junto a otros adoradores, dispuestos en diferentes escalas.

* Retablos de madera tallada, en lo alto se representan profetas y personajes del Antiguo Testamento.

* Coro cerrado con 11 arcos románicos alargados y recubrimiento de mosaicos con los escudos de los papas y cardenales contemporáneos a la construcción.

* Órgano de Cavaillé-Coll instalado por el arquitecto Lucien Magne en 1914.

* Cúpula ovoide, que es el punto más elevado de París después de la Torre Eiffel y desde donde se puede disfrutar de las vistas de la ciudad.

* Cripta, con sus bóvedas austeras y las estatuas de piedra de S. Claudio, S. Juan Bautista de la Salle, S. Genoveva, S. Ignacio y S. Francisco Javier. También alberga como reliquia una urna con el corazón de Legentil y cuenta con varias capillas, entre las que destaca la Chapelle de la Pietà.


Aunque en un principio se etiquetó al Sacré-Coeur como edificación controvertida por contrastar demasiado con el resto de construcciones, se ha ido insertando en el barrio de Montmartre con orgullo y actualmente es una de las principales atracciones turísticas de París. La visita vale la pena.

* Web oficial en francés o inglés: http://www.sacre-coeur-montmartre.com/


viernes, 14 de octubre de 2011

Plaza Miguel Ángel




Una plaza no puede resumir una ciudad, menos si se trata de una ciudad como Florencia. Pero puede erigirse en mirador excepcional de la urbe, o en catalejo representativo de la Toscana.

No sé qué magia atesoran estos sitios, pero va más allá de la foto turística de rigor. Es el momento de alargar la vista y ver el conjunto desde el exterior, abrir las ventanas de nuestros ojos al encanto de la ciudad y retener cada detalle. Allá destaca el Ponte Vecchio, enfrente se asoma curiosa la Cúpula del Duomo con el Campanile de Giotto, imponente se alza la torre del Palazzo Vecchio, y Santa Croce muestra indiferente una de sus caras. Las aguas del río Arno y las colinas de Fiesole y Settignano sellan la instantánea.

Durante el día la Plaza Miguel Ángel se anima con la multitud de turistas que bajan de sus autocares el tiempo justo para echar unas fotos, tomar un granizado o comprar un recuerdo. El verdadero encanto no se encuentra haciendo un turismo prefabricado, sino explorando despacio cada ángulo, extraviando nuestros pasos para contagiarnos del ambiente.

La Piazzale Michelangelo reclama una visita distendida, o varias visitas cortas que muestren todas sus facetas; la de plaza turística, la de plaza bohemia o inspiradora al atardecer, o la de plaza solitaria que coquetea con las siluetas de Florencia durante la noche.


Fue el arquitecto Giuseppe Poggi el artífice de este escenario, como parte del nuevo trazado urbano de la ciudad, realizado en la época en que Florencia fue convertida en capital del Reino de Italia (1865-1870). La plaza fue dedicada a Miguel Ángel y en su homenaje fue decorada con las copias de sus obras florentinas. Al centro se emplaza una copia en bronce del David y como parte del mismo monumento se sitúan reproducciones de las esculturas del Día y la Noche, del Crepúsculo y la Aurora, cuyos originales adornan las tumbas de los Médici en la Sacrisía Nueva de San Lorenzo.
 
 Quizás en contraste con el monumento central de la Plaza, que recreaba las obras de Miguel Ángel realizadas en Florencia, Poggi diseñó el edificio de la Loggia para albergar copias de otros trabajos del artista que se encontraban fuera de la ciudad.

La idea no fructificó, pero la construcción fue conservada y desde 1876 aloja un elegante restaurante con terraza panorámica. En uno de los jardines que lo rodean se distingue una placa en honor al arquitecto florentino, que invita a mirar alrededor para ver su monumento. Sus obras inmortalizan su nombre, desde la misma Plaza, hasta todo el trazado urbanístico de la ciudad, con las vías de circunvalación y las Plazas Beccaria y della Libertà.

También hay otra cafetería y algunos quioscos donde tomar o picar algo, lo que sin dudas apetece, con tal de prolongar la estancia y continuar disfrutando de las vistas.

La Plaza está bien comunicada y se puede acceder en coche por la Viale Michelangelo o mediante algunas rutas de buses. Pero si es posible, la mejor opción es acceder a pie: una vez cruzado el río, en el barrio de Oltrarno, hay diferentes caminos bien indicados que llegan hasta la Plaza.

Además, durante el recorrido se puede aprovechar para conocer otros sitios que se localizan en los alredores, o incluso improvisar una ruta por las puertas de la muralla florentina. En el barrio de San Niccolò, se pueden ver los Palacios Mozzi y Torrigiani, el Museo Bardini y la Chiesa di San Niccolò. También se puede llegar hasta la Porta di San Miniato y más adelante visitar la Chiesa di San Miniato y más cercana a la Plaza, la Chiesa di San Salvatore al Monte. Si cogemos la Via di Belvedere podemos acceder a la Porta di San Giorgio y al Forte Belvedere. O siguiendo el camino del río, llegaremos a la Piazza Poggi y la Porta di San Niccolò.

 
Absorber el espíritu florentino desde la Piazzale Michelangelo es esencial en la visita a la capital toscana. Si se dispone de poco tiempo, una simple escapada cuando cae la tarde y los museos cierran, merece la pena. Las siluetas de la ciudad se descubren desde aquí.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La crónica de mis crónicas



No siempre el viaje comienza cuando llegas al destino, sino mucho antes. Comienza con una idea, va tomando cuerpo con los preparativos, se va materializando poco a poco durante el trayecto y se concreta exactamente con la llegada. La estancia en el destino es el núcleo del viaje, nuestro objetivo principal.

No obstante, tampoco podemos restar mérito a los altos del camino, a los cruces alternativos que nos ofrecen vías imprevistas. Y aunque a veces ya planificamos estas paradas, siempre son un descubrimiento, muy diferentes de las rutas más comerciales.

Tampoco agotamos el viaje en el destino elegido, sino que la sensación nos acompañará durante todo el camino de regreso y especialmente un tiempo después, cuando recordemos con melancolía los mejores momentos, las instantáneas más sorprendentes, aquellas escenas que se nos quedaron grabadas por su singularidad, la variedad de tradiciones y culturas, la riqueza de convivir en otro espacio distinto al que estamos acostumbrados, con otra lengua y otros puntos de vista. Viajar enriquece y por eso, siempre que podemos, repetimos.

En ocasiones no viajamos tanto como nos gustaría, sino como nos permiten las circunstancias. Aunque es cierto que a veces no se necesitan grandes presupuestos, una excursión o una escapada sencilla casi siempre la podemos tener al alcance de la mano.

Por ahí se esconden miles de sitios olvidados que esperan ser redescubiertos. Como también puede pasar con los libros, que te pueden gustar más o menos, pero que siempre trasmitirán una enseñanza, un mensaje. Así son todos los sitios, siempre tienen algo que ofrecer, aunque sea un pequeño pueblo perdido o unas ruinas abandonadas, allí se conservarán las huellas de sus pobladores, la historia latente bajo las rocas, quizás cotidiana y familiar, pero donde el ojo avizor advertirá secretos que merecen la pena. Solo nosotros mismos conocemos nuestro espíritu de exploración y si queremos arriesgarnos en una u otra aventura.

Y tanto como se disfruta preparando un viaje, también nos deleita contar nuestra experiencia de viajeros, ofreciendo consejos o recomendaciones a los demás, escribiendo nuestra propia crónica personal sobre lo que nos ha gustado o sorprendido y qué nos ha aportado realmente ese itinerario que hemos seguido.

En definitiva, un viaje no se resume en el trayecto seleccionado, ni siquiera en el recorrido detallado de cada rincón que visitamos...también es la conjunción de circunstancias, los instantes que quedan en la memoria, la compañía de la que hemos disfrutado y todo lo nuevo que nos llevamos y aportamos a nuestras vidas a partir de ese momento. También viajamos hacia nosotros mismos, nos descubrimos, creamos nuevas fantasías, nos inspiramos y soñamos con otros viajes. La sed se vuelve insaciable: viajar satisface, enriquece el alma, ni más ni menos.