martes, 22 de noviembre de 2011

Calas Macarella y Macarelleta: como dos hermanas




Cala Macarella, Menorca
 
Menorca es conocida por el encanto de sus puertos, sus capitales, su gente y sus fiestas, pero sobre todo por sus paisajes, sus bellas calas y sus cuevas, sus acantilados y sus faros. Y también por su ambiente de paz, que nos permite disfrutar plenamente del contacto directo con la naturaleza junto a la familia o los amigos. Su patrimonio natural es reconocido como Reserva de la Biosfera desde 1993.

Uno de los mayores atractivos de Menorca son sus playas y sus calas, que con el buen tiempo, pueden ser la mejor receta de relajación sin tener que marchar tan lejos. Dentro de las playas menorquinas, cada una tiene su propia personalidad y su encanto particular, y sus características generales varían según su ubicación hacia el norte o hacia el sur de la isla.

La Macarella se encuentra situada al sur, en el municipio de Ciutadella. La costa sur es famosa por sus espacios naturales paradisíacos, prácticamente vírgenes, que a pesar del crecimiento turístico se han mantenido sin urbanizar y se han conservado intactos. Las playas más renombradas son la Macarella y la Macarelleta y Cala en Turqueta.

Quizás la foto más comercial y conocida de Menorca es aquella que muestra el escenario de la Macarella en toda su magnitud, con sus vivos colores y el contraste natural que ofrece el agua con los acantilados y los pinares que le hacen compañía. Por eso en los últimos tiempos y especialmente en temporada alta, la Macarella se llena de turistas y desaparece esa tranquilidad que esperamos recibir.

Cala Macarella, Menorca

Para acceder en coche a la playa Macarella y si se viene desde Ciutadella, se debe coger la estrecha carretera de Sant Joan de Missa e ir siguiendo las indicaciones. En un punto del recorrido se dividen los caminos hacia Cala Macarella y Cala en Turqueta. Es aquí donde se nos puede cortar el paso cuando el aparcamiento de la playa está completo.

De hecho, a nosotros nos pasó porque fuimos demasiado tarde y ya no habían plazas disponibles para aparcar, por lo que tuvimos que recurrir a un plan B y volver al día siguiente, más temprano. Esto os puede dar la medida de la masificación que suele haber en verano. Por eso, si podéis evitar el mes de agosto, seguramente podréis disfrutar más aún de la isla, con la tranquilidad que deseamos en unas vacaciones.

En la zona de la Macarella existen dos aparcamientos, uno que es gratis y está más alejado, y otro que es de pago y como es evidente está más cerca. Lo más práctico es pagar los 5 euros que cuesta el parking de pago, porque tendréis la playa a unos escasos minutos. La opción gratuita supone andar unos 20 minutos, que fue la que utilizamos nosotros, y se puede tomar como un paseo sin prisas para llegar con más deseos a la famosa Macarella. El problema de esta opción es el regreso, porque es cuesta arriba y da más pereza. Creo que lo mejor es dejar el coche cerca, no solo para cuando tengamos que marchar, sino también porque si se necesita alguna cosa, está accesible a unos pasos.

El camino que viene desde el parking gratuito termina en el chiringuito de la Macarella. Es el único de la zona y los precios no son baratos, así que las opciones son consumir en él o llevar comida y bebida preparada. También dispone de un área de servicios y de duchas. Cuando hay tanta gente, siempre toca esperar y hacer cola.

Mi primera impresión de la Macarella en pleno agosto no fue completamente la que me esperaba. Es simple, no se puede disfrutar de esa visión de postal que nos venden cuando en la playa no cabe nadie más. Y eso no le resta su encanto, que igualmente lo tiene, pero lo tienes que ir descubriendo poco a poco, entre la gente o al margen de todos. Me pasó igual en la playa Ses Illetes de Formentera, también preciosa, pero agobiante de tan masificada.

Cala Macarella, Menorca

La Macarella se encuentra entre unos acantilados que le dan esa forma característica de U y está rodeada por frondosos pinos que dan sombra y embellecen aún más el paisaje. La arena es blanca y muy fina, lo que contrasta con el color de sus aguas. Quizás sea este su atractivo fundamental, el color turquesa de sus aguas, que casi parece un cuadro y relaja a la vista. En ese sentido, las postales muestran la verdadera esencia de la cala y el contraste cromático y natural tan agradable a los sentidos. Aunque las mejores vistas se tienen desde arriba, remontando sobre los acantilados.

Otra cosa que también caracteriza a la Macarella son algunas pequeñas zonas cubiertas de algas, lo que a mí no me hace mucha gracia y me molesta un poco. Pero sobre todo se encuentran cerca de la orilla, cuando se avanza un tramo se puede disfrutar del agua limpia y transparente. Y aunque quizás no hagan gracia, estas algas son especies protegidas.

Como es muy fácil fondear en las aguas de la Macarella, se pueden ver numerosas embarcaciones. En Menorca también existe la posibilidad de alquilar embarcaciones y conocer la isla desde el mar, incluso hay calas a las que solo se tiene acceso por esta vía. En Macarella el agua es tan cristalina, que desde lo alto parece que las embarcaciones están como suspendidas en el aire, incluso pueden distinguirse sus sombras en contraste con el color turquesa de la cala.

Entre los acantilados se alza una roca muy pronunciada desde donde la gente se tira, son unos cuantos metros y debe ser una buena descarga de adrenalina. Pero yo me limité a echar fotos y grabar vídeos de mis amigos mientras se tiraban, creo que con eso ya tuve suficiente.

Por ser verano también puede haber alguna paradita hippie vendiendo pulseritas y artesanías varias. El día que estuvimos también había un chico vendiendo frutas frescas, con mucha habilidad para cortarlas y servirlas al momento, incluso en el caso de los cocos, que estaban buenísimos.

La Macarelleta

En la misma bahía y a la derecha de la Macarella, se sitúa la Macarelleta, que es como una versión en pequeño de la primera. Siempre se dice que son como dos hermanas, la mayor y la menor.

Además, a la Macarelleta solo se puede acceder por la Macarella, pasando entre los bosques de pinos que se sitúan a la derecha de la playa y remontando los acantilados. Hay una parte donde hay unas escaleras talladas en la misma piedra y se abre el sendero hacia la Macarelleta, que en algunos tramos está protegido por unas barandillas. 

Cala Macarelleta, Menorca
Cala Macarelleta, Menorca

Desde aquí se pueden observar mejor las cuevas que hay en esta zona, aunque no se puede acceder a ellas porque están cerradas con unas rejas metálicas. Estas cuevas fueron utilizadas antiguamente como necrópolis, también fueron usadas por los militares durante la Guerra Civil y sirvieron de refugio a los hippies.

Al llegar a la parte más alta del acantilado se puede ver la unión entre las dos calas y es en este punto donde sus aguas lucen una tonalidad más turquesa. Vale la pena hacer un alto en el camino, para hacer fotos, grabar vídeos o simplemente disfrutar de la panorámica. En este caso el artista que nos seduce y nos relaja con sus obras, es la propia naturaleza.

Por el sendero se debe andar con cuidado, sobre todo si hay tránsito de personas, no deja de ser un acantilado. Desde lo alto ya se puede contemplar que la Macarelleta también merece atención. Mucha gente se queda en la Macarella, quizás por pereza o por no tener que hacer el recorrido con todas las cosas hacia la más pequeña, pero también vale la pena. Y quizás por esta razón, la Macarelleta siempre está más tranquila.

También de arena blanca y fina, se puede disfrutar de las diferentes gamas de color de sus aguas, entre azules, verdes y turquesas. Además, está reconocida como uno de los mejores sitios para practicar nudismo en la isla. En el anuncio de Estrella Damm del verano del 2010, rodado en Menorca, salen imágenes muy bonitas de Macarelleta.

Resumiendo, durante un viaje a Menorca la Macarella es una visita obligada, y no solo por su fama, que la tiene bien merecida, sino porque realmente su belleza es tal cual la pintan, sin retoques. Si se puede elegir, es mejor abstenerse en agosto y visitarla en otro mes como junio o septiembre, que quizás no está tan masificada. Si se quiere más tranquilidad, la opción más idónea es quedarse en la Macarelleta. Y si vais en coche y no queréis caminar mucho, lo que va mejor es dejarlo en el parking de pago, a unos 5 minutos de la playa.

Otra cosa que no podemos olvidar, porque a veces el turismo inconsciente acaba por pasar factura en estos sitios y dejar su huella irresponsable, es cuidar este entorno natural y no ensuciarlo, para que se puede mantener intacto y nos pueda recibir como a todos nos gusta, limpio y cuidado.

La Macarella es un sitio para volver, más cuando lo tenemos tan cerca, y un excelente descubrimiento para los que no la conocen.

Cala Macarella, Menorca




martes, 15 de noviembre de 2011

La Bambouseraie de Prafrance: un entorno donde perderse


La Bambouseraie de Prafrance tiene sus orígenes en las primeras plantaciones que realizó Eugène Mazel en 1856. Su pasión por la horticultura lo llevó a aclimatar en estas tierras especies exóticas de América del Norte, Japón y el Himalaya. Con estos objetivos, creó además un canal para llevar el agua del río Gardon hasta Prafrance, y los invernaderos victorianos con fines decorativos y de experimentación.

Aprovechando sus relaciones como comerciante de especias, Mazel logró reunir en el parque una importante colección vegetal de coníferas, bambús, olmos, robles y plantas ornamentales. En 1902 el parque pasó a manos de la familia Négre, quien ha mantenido y enriquecido sus reservas hasta la actualidad.

La entrada a la Bambouseraie es anunciada por una avenida de bambús gigantes y secuoyas. En el tramo inicial se han colocado unos paneles que explican la historia del parque y dan detalles de su fundador. Luego, a medida que vamos avanzando, el follaje de los bambús queda tan entrelazado que nos sumerge en un bosque de sombras. Escépticos, nos preguntamos si acaso no hemos subestimado este sitio, la monumentalidad de lo natural sobrecoge y contesta implícitamente: esto es solo el comienzo, aún queda más por explorar.
 
La Bambouseraie es, en esencia, el acercamiento al mundo mágico vegetal y dentro de este, al de los bambús. Por ello, también nos informaremos durante el recorrido y a través de paneles, de sus diferentes utilidades y beneficios en la vida del hombre: su uso en la industria, como alimento, para la investigación científica, para la artesanía y el arte, para la arquitectura y también como símbolo cultural, entre otros.


Como muestra del valor del bambú para el hombre se presenta la réplica de un pueblo de Laos con sus típicas casas de bambú construidas sobre pilotes, un estanque con nenúfares, una vegetación subtropical que varía entre palmeras y platanales y hasta una granja de cerdos. Una colección de cestas, cuencos y utensilios dan fe de las labores artesanales.

 

Más adelante nos topamos con ejemplares de árboles que destacan por su edad, altura o ancho, como el caso del Gran Roble.
 

Como testigo de otros tiempos, se mantiene el antiguo edificio de la Granja, cuya existencia consta documentada en un catastro de finales del siglo XV.


Continuamos la visita, mientras nos contemplan silenciosos no solo diferentes especies de bambús, sino toda una vegetación espesa y variada de flores y árboles. En los puntos claves se han dispuesto pulsadores en varios idiomas que son audio guías que explican las particularidades de la especie en cuestión.


Hacia un lado se abre un sendero que conduce al Valle del Dragón, un jardín zen construido en el 2000, año del dragón, por el paisajista Eric Borja. Su diseño se basa en los principios del Feng Shui y ello se evidencia en la armonía que trasmite, en el contraste de colores y en la frescura de la conjunción de elementos que conforman el paisaje.


Al final del valle se alza el Pabellón del fénix rojo, construido con varios tipos de madera, como el cedro, el castaño y la acacia. Aquí se puede hacer un alto en el camino, disfrutar de las vistas del valle, respirar el ambiente de calma que trasmite, experimentar con la fotografía, perdernos y encontrarnos otra vez...


Tras abandonar el Valle del Dragón, volvemos al bosque de bambús y en el camino también vamos disfrutando de las obras artísticas expuestas en relación directa con la naturaleza y de los espacios reservados para las muestras de arte. En definitiva, y como ha dicho Muriel Négre: "Le travail de l'artiste fait partie de la sensibilisation à la nature".


Detrás de los invernaderos se esconde un jardín acuático. Árboles con formas caprichosas, helechos, juncos, lirios y otras plantas acuáticas rodean el estanque, donde nadan tranquilamente carpas koi de color nácar o plata, blancas o anaranjadas con pecas negras.

Los invernaderos Mazel albergan exposiciones botánicas permanentes y temporales. Entre las primeras, puede observarse la colección de plantas suculentas y plantas carnívoras, y la muestra de especias al natural, que despierta nuestra curiosidad olfativa. La exposición temporal que vimos se refería a los cultivos de fibras de las plantas, y temas como la fabricación textil, del papel y de colorantes y los usos de plantas como el lirio, el algodón, el cáñamo o la ortiga.

Pasando los invernaderos, nos encontramos con una muestra de bonsáis, dispuestos a nivel del agua, que después discurre como una pequeña cascada por los canales del parque.


Y para perdernos ya del todo y sentirnos como niños, nos adentramos en el laberinto de bambú. Podemos evocar la leyenda del hilo de Ariadna, o experimentar al azar entre las vías posibles hasta encontrar la salida. Fácil y divertido, para pasar un buen rato.

Para finalizar, pasamos por el Bambousarium y por último, por la zona de venta, donde se pueden adquirir plantas y complementos de jardinería. También hay paraditas con objetos artesanales y una bamboutique donde se venden artículos de decoración oriental, recuerdos, pinturas y libros especializados.

La Bambouseraie es como un museo natural, donde vamos a admirar la obra de la naturaleza y sus maneras de convivencia con el hombre, es un espacio para disfrutar en paz y llenar nuestros pulmones de savia limpia e inspiradora.


Web de la Bambouseraie de Prafrance: www.bambouseraie.com


jueves, 3 de noviembre de 2011

Para conocer más sobre los orígenes de Codorniu ...


Cavas Codorniu

Hacer una escapada también nos permite expandirnos, fijar nuevos conocimientos, acercarnos a otras realidades -ya sea porque nos gusta o porque sentimos curiosidad- y ello nos enriquece social y culturalmente.

Cavas CodorniuMuchas veces nos gustaría saber más detalles sobre determinadas labores o escuchar historias de éxito personales o familiares. Tal parece que con eso podemos resolver cuestiones que alguna vez nos habíamos preguntado, y a la vez sentir admiración ante una empresa que se ha convertido en imperio.

 El proceso y la historia que guarda cada botella de Codorniu se puede conocer visitando sus cavas. A través de una visita guiada, se abren las puertas de la institución y se explica paso a paso el procedimiento de elaboración del cava y el desarrollo de la compañía a través de los años.

Museo Cavas Codorniu La visita parte de la recepción, llamada Catedral del Cava, y comienza con un audiovisual que ilustra las características de la empresa, de sus productos y los principios que la rigen, a modo de introducción del mundo Codorniu.

Museo Cavas Codorniu Seguidamente, continúa en el denominado Porxo de les Premses, que alberga el Museo Codorniu. Aquí se puede ver la evolución del producto a través de los diferentes objetos y utensilios necesarios para su producción: variedad de botellas y envases, prensas, herramientas curiosas y carteles publicitarios de Codorniu. También hay una zona donde se pueden celebrar eventos o banquetes.

Museo Cavas Codorniu La historia familiar que subyace tras la construcción del imperio Codorniu se refleja sucintamente en las paredes de la glorieta que da acceso a las cavas. Se dice que las raíces se remontan al s. XVI, siendo el primer protagonista conocido Jaume Codorniu. Actualmente el negocio está regentado por la familia Raventós, pues Anna Codorniu, pubilla de los Codorniu y la última de la saga en llevar el apellido, se casó en 1659 con Miquel Raventós. La identidad del producto nace de las manos de Josep Raventós i Fatjó, cuando en 1872 produjo las primeras botellas de un vino espumoso de calidad.
 Museo Cavas Codorniu 
A continuación se pueden visitar las cavas, con sus cientos y cientos de botellas almacenadas a nivel subterráneo, en reposo, con poca luz y a baja temperatura.

El recorrido se hace más ameno por medio de un pequeño tren que transita por los túneles y cavas. Las diferentes cavas tienen nombres de ciudades o de personalidades; así, por ejemplo: Cavas Habana, Tokyo, Barcelona, Zurich, Londres, Alfons XIII...

 En este punto se pueden observar los pupitres en forma de V invertida que guardan las botellas inclinadas, con el objetivo de acumular los sedimentos al borde del tapón y que después sea más fácil su eliminación.

Cava Catalunya, Itinerario Cavas, Cava San Pio X
 
También se pueden visitar las Cavas Catalunya y Anna de Codorniu. La reproducción de un escrito del rey Alfonso XIII da testimonio de su visita a las Cavas Codorniu en 1914.

Cava Anna de Codorniu

Por último, se ofrece una degustación y a la salida se tiene acceso a la tienda, donde se pueden adquirir los cavas que comercializa la casa, así como recuerdos y detalles para regalar.

Caves Codorniu

Las bodegas de Codorniu en Sant Sadurní d'Anoia destacan por su producción, su historia y su arquitectura realizada por Josep Puig i Cadalfach. Fueron declaradas Monumento Histórico Artístico Nacional por el rey Juan Carlos I en 1976. Aquí se funden tradición, esfuerzo, cultura y confianza.

 * Web del Grupo Codorniu: http://www.codorniu.es/